¿Por qué nos besamos?


Las miradas se cruzan con los sentidos amplificados, los labios se acercan, se tocan, se entreabren y las lenguas se rozan. Con el primer beso pueden saltar chispas o puede resultar tan incómodo como un jarro de agua fría. Es decisivo. Si es satisfactorio la pareja seguirá adelante. Si no lo es, probablemente no continúen interesados el uno en el otro. Lo ha comprobado el psicólogo Gordon G. Gallup, de la Universidad de Albany. La conclusión fue rotunda.

Su hipótesis para explicar este hecho dice que cuando dos personas se besan se produce un intercambio de información química -mediante el olor y el gusto-, táctil y postural. Es posible que los besos activen funciones del cerebro, muy básicas y animales, que procesen esa información y nos indiquen si la pareja es buena desde el punto de vista reproductivo, si es compatible genéticamente y si está sana.

Los hombres tienen más tendencia a iniciar besos con contacto de lengua. Una posible explicación es que el intercambio de saliva tiene consecuencias beneficiosas para el varón. “Deposita una pequeña cantidad de testosterona que administrada durante un periodo lo suficientemente largo aumenta la libido de la fémina”, señala. Para los machos el objetivo es pasar sus genes a la siguiente generación, es decir, inseminar. Para las hembras es radicalmente distinto. “Para las mujeres la inseminación es solo el principio del proceso reproductivo”, explica el experto.

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